Aunque el tiempo pasara tan rápido comenzaba a descubrir tales sentimientos que jamás había sentido. Bill y Frank eran tan parecidos. Era lógico que al ver a Bill rápidamente pensara en Frank. En tan sólo pensar que lo que sentía por Frank era algo serio y que no me dejaba pensar. Esa era la razón por la cual decidí irme con mi padre. No quería volver a ver a Bill. Sabía que mientras más lo veía, más daño me hacía. Amaba a Frank…
Mi vida con mi padre era distinta, y aunque estuviese con mi hermano extrañaba una sola cosa; mi soledad. En casa todo el tiempo estaba sola. Aquí mi hermano y mi padre me hostigan. No me dejan respirar. Sé que yo necesitaba la atención de alguien, pero no tan excesiva como la de ellos. Miraba el teléfono y sentía una pequeña sensación de llamar a casa. Cuando veía las llaves del coche de papá sentía ganas de manejar hacia mi viejo hogar, pero no me atrevía a nada de eso. Por algo me alejé de ese lugar. No quería más tragedias. Aunque muy dentro de mí sé que mi madre me odia, por irme de la casa sin pedirle permiso. Mi nueva habitación es más acogedora, mi padre me dejo decorarla y pintarla a mi gusto. Yo no perdí el tiempo. Remodelé mi cuarto como siempre quise, pero muy dentro de mí algo me hacía bastante falta. Era como un hueco sin fondo. Mi padre iba entrando a mi cuarto lentamente mientras yo permanecía con la mirada perdida a través de la ventana. Tomó mis hombros con sus grandes manos y besó mi cabeza. Él sabía perfectamente que con él, todo era distinto. Hasta cierto punto. Sé que no llegaré a acostumbrarme tan rápido como lo hiso Brian, mi hermano.
-Margaret ha llegado- mencionó mi padre con voz sigilosa, sabía que todo aquello me aterraba.- Creo que ya es tiempo de que salgas de tu cuarto y la conozcas.
Cuando me soltó sentí una gran inseguridad en mí, tener una nueva madre era bastante difícil y aterrador. Pasaron tres semanas las cuales yo me la pasé encerrada en mi cuarto, y las veces que ella iba yo no salía. Y hoy no podía poner otra excusa más, hoy más que nada tenía que estar agradecida con mi padre por todo lo que había hecho por mí. Suspiré hondo y salí detrás de mi padre. A cada paso que daba me sentía desganada. Bajaba las escaleras con la mirada baja, mi fleco cubría mis ojos y mi suéter-que me quedaba extremadamente largo- arrastrando por los suelos. Al llegar a la sala todo se tornó tan oscuro, ver por primera vez a la famosa Margaret me rompió el alma. Era plásticamente hermosa, y saber que ella fue la causa por la cual mis padres se habían separado me daba coraje y a la vez nauseas.
-Con que tú eres la Princesa Julia- dijo Margaret muy entusiasmada acercándose a mí y tratándome de abrazar.
-Es July, y no soy ninguna princesa.- respondí alejándome de ella. Mi padre me miró perplejo. Ella hiso un gesto de disgusto, se alejó y se fue con mi padre. Brian iba entrando a la casa con otro chico arrojándose un baló de futbol americano. Me quedé parada en medio de la sala al verlos pasar. ¿Quién era ese chico? Él me miró sin saber que decir, con un rostro preocupado miraba hacia donde estaba mi padre y Margaret, después me miraba a mí. Mi padre, sin tener otra opción, se acercó entusiasmado, me acercó más a él.
-Hija, te presento a James. Hijo de Margaret.
¿Hijo? Era imposible. No podía creer lo que estaba apreciando. Se veía de mi edad. Era incómodo. Aunque algo me quedaba claro, mi padre estaba perdidamente enamorado.
-Hola- dije de mala gana antes de darme la vuelta y dirigirme al baño. Tanta presión sentía como si me fuese a desmayar. Salí cuando todos ya estaban en la mesa comiendo, sin antes escuchar aquella tonta excusa de Margaret “Te estábamos esperando para empezar” de haber sido así, jamás hubiese salido del baño. Me senté en la mesa con una sonrisa fingida, eso todos lo pudieron notar, pero no podía hacer otra cosa. Mientras todos comían yo no trataba de dar algún bocado a mi comida. Menos con el silencio que reinaba en la mesa.
-¿Por qué no has tocado tu comida hija?- preguntó Margaret tocando mi mano. Automáticamente quité mis manos de la mesa. Todos me miraban perplejos. Negué con la cabeza mientras miraba mi plato. No soporté más. Salí corriendo de la casa. No podía soportar que alguien más me llamara hija, no tan rápido como lo hiso ella. Tomé un taxi antes de que James y Brian me alcanzaran. Aún no estaba lista para pensar las cosas críticamente. Poco tiempo después, me bajé una cuadra antes de llegar a la casa de mi madre. Caminaba lentamente mientras me iba escondiendo tras los árboles y arbustos, pues mis hermanas iban caminando por la calle y evitaba encontrármelas, me sorprendía lo bien vestidas que iban. Se subieron al auto de Simone, la vecina. Y al ver que el auto se dirigía hacia donde yo estaba, me tiré al suelo para que los arbustos me cubrieran. No me extrañaba que no me extrañaran. Al llegar a casa sentí un gran nudo en la garganta. Subí al árbol como lo había hecho muchas veces antes. Pero me quedé atónita al ver a mi madre postrada en mi cama, sollozando de tal manera que me desgarraba el alma, y es que… a pesar de que no me daba la atención que yo quería, la amaba. Al ver que mi madre comenzaba a moverse, bajé inmediatamente de aquél árbol. Pero pisé mal a mitad de camino y caí golpeándome en algo duro. Levanté la mirada y ahí estaba Bill, con esa cara de angustia y su cabello peinado para atrás. Me levanté rápidamente evitando las manos de Bill tratando de ayudarme.
-¡Suéltame!- grité al desesperarme tratando de alejarlo de mí, pero por más que le decía no más se acercaba. Era algo incomodo pero a la vez me dolía verlo.
-No entiendo el por qué te has comportado así conmigo.- mencionó Bill resignado al negarme que me ayudara. Cruzó sus brazos mirándome confundido.
-No es el momento ni el lugar para discutirlo.- respondí al mismo tiempo que me alejaba de aquél lugar.
-Entiendo que no es el lugar adecuado.- mencionó mientras me tomaba del brazo para así detenerme, pero yo me esforzaba por seguir caminando.- Pero sí es el tiempo. Vallamos a algún lugar.
Me voltee para mirarlo, pero aquella mirada suya me hacía estremecer. Era tan irresistible. Cómo la carita de un niño cuando quiere algún dulce.
-NO- respondí por última vez y me alejé corriendo al escuchar a mi madre llamarme desde la puerta, me había visto con Bill. Mientras iba corriendo mire por última vez a Bill, estaba consolando a mi madre abrazándola. Y antes de pensar en otra cosa, ya me encontraba tirada en el suelo. Había chocado con alguien.
-Imbécil- mencioné en voz baja.
-Niña tonta- mencionó aquella persona quien me había escuchado.
Miré a aquella persona y al ver quien era me acosté boca abajo en el suelo.
-¿Estás loca?
-Lárgate- grité
-Por favor. Déjame ayudarte.
Me senté de nuevo cruzándome de brazos. Lo mire con aquellos ojos desgarradores. O bueno, así decía mi padre.
-Tendrás que cargarme y llevarme a casa cargando.- Respondí con una gran sonrisa, por un momento pensé que James no sería capaz de hacerlo, pero estaba tan equivocada. En cuanto menos lo sentí ya estaba entre sus brazos. Comencé a gritar puesto que sentía que me caía, pero aquellos brazos fornidos… ja, era imposible que me dejara caer. Pero una mirada que sentía tan penetrante me hiso voltear por inercia. Era Bill quien veía la manera en la que me marchaba, sus manos se encontraban recargadas en un árbol. Me sentí tan incómodo que sentía necesidad de bajarme rápidamente, pero lentamente se iba desapareciendo en el camino…
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*Mientras tanto con Bill*
-¿La alcanzaste?- mencionó Stelle quien lloraba desconsoladamente.- ¿Alcanzaste a mi hija?
-No- respondió Bill triste.- Ya se había ido.
Stelle comenzó a llorar más, Bill trataba de consolarla pero todo era en vano. Ella mejor optó por meterse a su casa. Necesitaba un poco de soledad. Bill suspiró y se dirigió a su casa con la mirada baja, pero se llevó tal susto que sus pensamientos se esfumaron.
-¡Fíjate Imbécil!- gritaron chicos que pasaban en un auto con música a alto volumen. Bill no se había fijado antes de cruzar la calle.
-Malditos locos- mencionó en voz baja. Checó su buzón y sacó de ahí varias cartas. Mientras subía las escaleras iba checando cada una de ellas. Había una para él. Al entrar a la casa vio a su hermano en el sillón. Tomó un sobre y se lo aventó.
-Para ti- mencionó Bill mientras se sentaba a un lado de él.
-Que aburrido- respondió Tom al ver el nombre de la persona quien le mandaba la carta.- La tía Margaret. Odio cuando me escribe “Bebé”
Bill sólo sonrío al escuchar cómo imitaba a su tía. Bill abrió su carta y comenzó a leerla, era de una Fan.
-Bueno. Al menos a mí me mandó la carta una Fan.
-¿Y qué te dice?
-Que quiere que viajemos a España.
-ammm- respondió Tom al mismo tiempo que rompía la carta con la mirada perdida en el televisor.
-Que duro eres.
-La tía Margaret aburre.
Ambos comenzaron a reírse y después se dirigieron a la cocina a comer algo. Mientras Tom cocina Huevos, Bill preparaba pasta.
-¡Bill Kaulitz!- gritó Tom al oído de su gemelo.
-¿Qué?
-¿Qué te pasa?- preguntó Tom mientras que con su dedo picaba su brazo.- Estás menso… digo… tenso.
-Deja a un lado tus boberías. Y ayúdame a pensar en algo.
-¿En qué? Pero que sea rápido antes de que me muera de hambre.
-¿Cómo puedes hacer entender a una chica testaruda para hacerle ver las cosas?
-Depende.- respondió Tom- Si la chica es demasiado rebelde entonces no entenderá. Necesitas ganarte su confianza. No seas tan empalagoso.
-Me sorprendes hermano.
-Ya sé que soy l más inteligente.
Ambos se rieron y comenzaron a comer. Mientras que Bill pensaba en cómo tratar de acercarse a July. En realidad quería conocerla, quería hacerse su amigo. ¿Pero cómo?
*Con July*
Hay veces en las que me pongo a pensar, que la soledad a veces suele ser la mejor compañía que podrías tener. Que es una oportunidad para recordar y pensar cosas. Margaret no me agradaba del todo. Aquellos labios, nariz… casi todo su cuerpo estaba operado. Eso me hacía vomitar. No entendía cómo es que mi papá podía besarla, o peor, tocar su bultoso cuerpo lleno de silicón. No entendía nada. Mi madre es hermosa, y mi padre la dejó por algo plástico. Trataba de buscarle algo a ella que a mi padre le haya atraído demasiado. ¿Algún hechizo? Eso no lo sé. Después de que James me trajo a casa subí rápidamente a mi cuarto. Me sorprendí al ver a Margaret ahí.
-¿Qué haces aquí?- pregunté al azotar la puerta.
-Iba pasando por aquí – respondió- y estos maravillosos cuadros llamaron mi atención. ¿Son tuyos?
-Sí- mencioné en voz baja al ver cómo sus horribles manos tocaban el vidrio de uno de mis cuadros favoritos. Era una sirena en la arena mirando hacia el mar, mientras que su cabello color rojizo rosaba aquellas alas de ángel que ella poseía. Era una pintura que hice cuando cumplí 15 años. Cuando le insistía a mi papá que me llevara al mar junto con mi madre. Pero nunca me llevó. Por lo que pude dibujar mi propio mar. Era un dibujo único y fantástico.- No toques.
-Entiendo. Una pintura tan bien hecha no puede ser destrozada. Apuesto a que valdría millones.
-No está en venta.
Margaret se fue acercando más a mí, sus manos tocaron mis hombros encogiéndose hasta que sus ojos quedaban a la par de los míos.
-No voy a obligarte a algo que no quieras hacer- mencionó Margaret en voz baja- lo único que quiero es ser tu amiga. No tu madre, porque sé que nunca nadie podrá ocupar el lugar de tu propia madre.-
No sabía si creerle, sus ojos podrían verse muy dulces pero eran aquellos que deben dudarse. Solamente asentí la cabeza y decidí seguir su juego y ver a lo que quería lograr. Pero tendría que comportarme como siempre.
-Lo pensaré.
Respondí quejumbrosa al mismo tiempo que abría la puerta haciéndole señas de que saliera. Ella sonrió y salió lentamente. Ahora tendría que lidiar con ella, antes eran mis hermanas. Pero creo que no será tan fácil como con ellas. Ahora era yo quien debía tramar algo.
CHICAS, SORRY POR LA TARDANZA, PERO EN ESTAS VACASIONES ESTUVE MUY ENREDADA. NI EL DÍA DE MI CUMPLEAÑOS PUDE RESPIRAR. PERO LO PROMETIDO ES DEUDA, AQUÍ ESTA SU CAPI... ¿PODRIAN ADIVINAR CÓMO SERÍA EL PRÓXIMO CAPÍTULO?