Hola!!!
Porfavor pásense a mi nuevo blog.
Espero y les guste =D
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Capitulo 3

Un fuerte sonido atormentó mi mente haciéndome despertar de un gran susto. Me levanté rápidamente balanceándome de un lugar a otro mientras caminaba a la puerta de mi cuarto. Al abrir vi a mi madre con un cuchillo en la mano. Me asusté completamente.

-Tranquila- dijo mientras escondía el cuchillo.- lo traje para tratar de abrir la puerta.

-¿Qué es lo que quieres?- pregunté al mismo tiempo que me dirigía a mi cama, pero mi madre corrió hacia mí sosteniéndome del cuello. Rápidamente puede recordar a mi padre, quien me tocaba así cuando se quería acercar a mí.- No vuelvas a tocarme así… Por favor.- me detuve frente al espejo y solo la veía desde su reflejo. Su mirada demostraba agonía. Lentamente me fue soltando.

-No entiendo porque sigues molesta.- su mirada se cruzó con la mía en aquél espejo. Me di cuenta que éramos muy similares.

-No tiene caso.

Opté por mirarla de frente, un fuerte escalofrío recorría cada parte de mi cuerpo. Sus ojos azules daban mucho que decir y mucho que desear. Tomé sus manos llevándolos hacia mis mejillas. No sabía ni porque lo hacía.

-Somos tan parecidas. –mencioné con los ojos cerrados.- Y entiendo que te preocupes por mí pero… por favor… no me asfixies.

Mi madre quitó rápidamente sus manos, me miraba mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Confundida, me alejé dirigiéndome a mi armario. Buscaba por todos los cajones aquella foto que me hacía recordar buenos momentos. Aquella foto que guardé hace dos meses.

Al encontrarla le eche un vistazo sonriendo. Pero al salir ella ya no estaba. La puerta estaba abierta y el cuchillo en el suelo. Me sentí triste y a la vez enojada. Me acerqué a la puerta cerrándola de golpe. Me recargué en ella dejándome deslizar hasta el suelo quedando frente aquél cuchillo. Lo tomé y lo observé detenidamente. Brillaba mucho y su brillo era delicado y peligroso. Limpié mis lágrimas y salí por la ventana aún con pijama. Bajé cuidadosamente por aquél árbol de manzanas que mi madre había sembrado, era muy fuerte y fácil de escalar. Al estar ya abajo comencé a escarbar con ayuda del cuchillo, con mi manos trataba de jalar más la tierra sin importarme que se metiera entre mis uñas. Fue un hueco pequeño pero profundo. Tomé la fotografía y la besé por última vez. La doblé a la mitad y la enterré. Aunque me doliera solo quería olvidarla. El cuchillo lo tiré en el bote de basura que estaba afuera. Pero de nuevo aquella sensación me desconcertó. Lentamente miré hacia la casa de enfrente y ahí estaba aquél chico, estaba afuera con una señora rubia y un poco bajita de estatura. Parecía que le daba instrucciones de algo, pues movía mucho sus manos. Me quedé mirándolo por mucho rato, me comenzaba a gustar ponerlo nervioso tratando de no mirarme.

-¡July!- un grito hiso que diera un ligero brinco. A mi lado estaba Rose. Fue un poco extraño, pues no me alegró ni en lo más mínimo volverla a ver-

-¿Cómo has estado Rose?
-Bien, muy bien. – se me quedó mirando a los ojos mientras movía sus manos y hacía ruidos con sus zapatos. La miré extrañada.- ¿No me vas a invitar a pasar a tu casa?

-Sí pero... ahorita no, mejor… siéntate aquí. – sonreí y me senté en el pasto. Me quejé un poco pues estaba frío y un poco húmedo.

-Pero traigo falda.
-Tienes mayones abajo. No pasa nada.

Sonrió de mala gana y se sentó al lado mío. Mi mirada la mantenía abajo mientras arrancaba el pasto. Fue un momento incómodo para las dos. Ni ella ni yo mencionábamos algo que hiciera que nos riéramos como antes. Rose tarareaba una canción mientras que yo seguía arrancando el pasto.

-¿Sabías que Tokio Hotel se mudó acá a Los Ángeles?- La miré confundida, no sabía de quien rayos me hablaba.

-¿Enserio?- sonreí- y… ¿Quiénes son?

Rose sacó una revista de su morral, comenzó a buscar entre las páginas algo que me mostraba lo que ella me decía, mientras que mis manos no dejaban aquél pasto inocente.

-Ellos.- dijo finalmente poniendo en mis manos aquella revista con el poster de “Tokio Hotel”. Miraba con desinterés a cada uno de ellos. No me llamaban la atención para nada. Cada uno venía con su nombre y con su firma correspondiente. Estaba a punto de entregarle la revista a Rose pero aquél semblante de uno de ellos hiso que no lo hiciera. Esa mirada, esa sonrisa, esos ojos… era la réplica exacta del chico de enfrente. Me levanté rápido al ver que aquél chico nos miraba mientras bañaba a sus perros enormes. Llevé a Rose al interior de mi casa ignorando las palabras del jefe de mamá, no sabía qué era lo que tramaba. Subimos rápido a mi habitación sin soltar a Rose.

-July, tengo que decirte algo. Y me gustaría decírtelo ahorita que ya tengo poco tiempo. –mencionó mientras iba a sentarse a mi cama. Tomé mi silla giratoria y me senté frente a ella.- Mañana en la madrugada me mudaré a Canadá. Ascendieron a mi padre en su trabajo y es por eso que nos tenemos que ir para allá.

-No te puedes ir.- dije casi gritando y sin aliento. Junto con la silla me iba haciendo hacia atrás.- No puedes.

-¿Porqué?

-Porque prometiste que me ayudarías a entrar de nuevo a la escuela.

-Te juro que lo olvidé por completo. –puso sus manos en su boca y trató de acercarse a mí. Pero mientras ella se acercaba yo más me alejaba.- Perdóname.

Me levanté furiosa, sentía como si el mundo estuviese en mi contra. Abrí la puerta haciéndole señas de que se fuera, ella rompió en llanto.

-Perdóname July, enserio.

-Cuando yo te prometía algo lo cumplía, y por ti me sacaron de la prepa. Y ahora… te olvidaste de que tenías a una amiga.

-Admito que fue un gran error, pero te dije que lo sentía. Además, has cambiado demasiado July.

-Las personas cambian.

-Sí, pero no para mal. No eres la persona que yo conocí al principio. Tu padre ha de estar decepcionado.

-Ni se te ocurra volver a mencionar a mi padre. Ya vete. Y que te vaya bien en Canadá.

Me limité a mirarla y cuando ella salió azoté la puerta. Fui a mi cama sin antes tirar por la ventana aquella revista que Rose había olvidado. Comencé a llorar sin cesar. La vida comenzaba a castigarme y ni sabía el porqué…

Son las 7 de la tarde y apenas comenzaba a despertarme. Mis ojos me pesaban de tanto llorar. Mi cabeza ya no daba para más. Me levanté sin ganas, me dirigí al baño mientras me iba desvistiendo. Abrí la regadera y me metí al agua que estaba sumamente fría, no me importaba. Al salir me sentía más que despierta, con muchas más pilas. Me vestí como casi siempre, un short, botines, camisa sin manga, chaleco de cuero, cabello alborotado, labios rojos y ojos sombreados de negro. Un poco de perfume y estaba más que lista. Salí de nuevo por la ventana en busca de una nueva aventura, tenía en mente ir a buscar a Frank, o de ir de fiesta o que se yo. Solo quería divertirme y distraerme mucho. Creí que saliendo por la ventana me libraría de mi madre, pero no fue así. Ahí estaba afuera con la nueva vecina. Traté de no hacer mucho ruido para no distraerlas, pero aquella señora me vio y le avisó a mi madre. Entonces la odié. Mi madre me llamó para saludar, tenía ganas de salir corriendo y así evitar cualquier contacto con esa gente.

-Hija, te quiero presentar a la nueva vecina. Simone.

Podría decir que la saludé bien por cortesía, la señora no tenía la culpa de tener a un hijo tan curioso y tan observador. Aquella señora era muy amable, casi no le hablé… pero hablando del rey de Roma… él se iba acercando hacia nosotras.

-July- mencionó Simone- te presento a mi hijo Bill.

Él estrecho su mano para saludarme, pero yo solamente me limité a decirle hola. Tal vez me vi grosera, pero yo ya no era de fiar.

-¿ibas a algún lado hija?- preguntó mi madre mientras miraba con detalle mi atuendo.

-Sí, iba lejos de aquí.

-Bill, hijo… ¿Porqué no vas con ella?- Simone parecía no darse por vencida. A fuerzas quería que yo me acercara a su hijo pero… ¿Con que confianza?

-Ya que.- mencioné sin ganas, aunque por dentro me moría de la curiosidad.

-¿A dónde iremos?- dijo Bill precipitado al no tener otra opción.

-Por un helado.

-Pero ya es tarde.

-Pero se me antojó.

Sonreí mientras veía cómo Bill caminaba confundido.


~En la heladería~

-Oye, ¿te puedo hacer una pregunta?- pregunté mientras nos dirigíamos a las mesas de enfrente. Él, educadamente, sacó una silla para que me sentara.

-Claro, lo que quieras.- respondió mientras se sentaba enfrente de mí.

-¿Porqué me mirabas tanto?

-No lo sé.- comenzó a comer de su helado con la mirada perdida hacia otro lado. Me decidí a insistirle hasta que me respondiera.

-Debe haber una razón.- deslicé mi helado hacia enfrente para poder recargar mis brazos cruzados en la mesa.- Para que me mires hasta por la ventana.

-No lo sé.- Sonrió.

-Me sentía como si fuese una famosa vigilada por un paparazzi. Pude sentir exactamente lo mismo que tú.

Él se quedó perplejo, dejó a un lado su helado. Yo solo sonreí al ver su expresión. Fue entonces que comprobé de que en realidad era aquél chico por el cual Rose estaba histéricamente enamorada de él. Tragó saliva y se señaló a él mismo. Yo asentí sonriente.

-Pero mira la hora que es.- dijo al ver su reloj de muñeca- será mejor que nos vallamos.


Al llegar a casa lo único que quería era subir rápido a mi habitación, era como mi caja protectora. En el camino ignoraba toda clase de preguntas. Cerré con seguro la puerta de mi habitación y rápidamente me deslicé hasta mi cama para tomar mi diario que estaba bajo mi almohada. En mi mesa de noche buscaba mi pluma, terminé encontrándola en el suelo. Me moría de las ganas por escribir.

“Hola diario… el comienzo de mi día fue un completo asco, perdí a mi amiga y creo que a mi madre también. En todo el día me la pasé pensando en una sola pregunta. ¿Por qué a mí? Pero lo más sorprenderte fue el haberme dado cuenta de que mi nuevo vecino es famoso. Es extraño y me costará trabajo asimilarlo. Debo admitir que él es un chico muy sencillo, divertido y con una mirada muy atractiva. Lo que jamás pude aclarar fue él porque me miraba tanto. Lo poco que platicamos no se atrevió a decirme nada, hombrecito tuvo que ser. La verdad es que no sé qué debo hacer. ¿Insistirle? O ¿Dejar ya todo esto atrás? Que dilema. Pero bueno… haber que pasa mañana. :)”

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